{"id":468,"date":"2020-08-22T17:40:59","date_gmt":"2020-08-22T17:40:59","guid":{"rendered":"https:\/\/fidelidadacuba.org\/?p=468"},"modified":"2020-08-22T17:41:12","modified_gmt":"2020-08-22T17:41:12","slug":"mujer-de-tantas-historias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fidelidadacuba.org\/en\/mujer-de-tantas-historias\/","title":{"rendered":"Mujer de tantas historias."},"content":{"rendered":"<p><strong>Morir por la Patria uni\u00f3 a hombres y mujeres, amos y esclavos, blancos y negros en la misma hoguera del sacrificio colectivo. Manos de mujer cosen una herida o una bandera, nadie pudo negarles su puesto en la pelea. Van orgullosas, con el humo de las ciudades quemadas, antes que rendirlas al enemigo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen que el primero que compar\u00f3 a una mujer con una rosa fue un poeta, y el segundo, un tonto, porque no cre\u00f3 nada nuevo. Ser\u00e1 un acto de poes\u00eda mientras la inspiraci\u00f3n no sea aquella tomada de un jard\u00edn, sino la que infunde la fuerza y el sentido a la vida. Mart\u00ed lo hab\u00eda dicho con esa forma suya: \u00abLas campa\u00f1as de los pueblos solo son d\u00e9biles cuando en ellas no se alista el coraz\u00f3n de la mujer\u2026\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En la historia del pa\u00eds siempre reclamaron un lugar m\u00e1s all\u00e1 de la casa y la cocina: Mariana Grajales empina a sus hijos para que cumplan con la Patria, y despu\u00e9s de la refriega cura las heridas, sin tiempo para derramar l\u00e1grimas. Mar\u00eda Cabrales se va con Antonio Maceo a la manigua redentora. Luc\u00eda \u00cd\u00f1iguez acepta que es su hijo Calixto cuando sabe que cae preso despu\u00e9s del disparo propio. Manana con G\u00f3mez y sus hijos. Tantos nombres que se pierden en las memorias, como la de Inocencia Ara\u00fajo, rompiendo la maleza para avisarles, al General\u00edsimo y a Mart\u00ed, que los espa\u00f1oles iban sobre ellos en Arroyo Hondo.<\/p>\n\n\n\n<p>Morir por la Patria uni\u00f3 a hombres y mujeres, amos y esclavos, blancos y negros en la misma hoguera del sacrificio colectivo. Manos de mujer cosen una herida o una bandera, nadie pudo negarles su puesto en la pelea. Van orgullosas, con el humo de las ciudades quemadas, antes que rendirlas al enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la l\u00ednea de la Sierra se adivina el perfil de Vilma y Celia. Es otro tiempo, pero la lucha no termina. A Lidia Doce no le arrancan una palabra sus torturadores. \u00bfQui\u00e9n puede con el valor de tantas mujeres?<\/p>\n\n\n\n<p>Y en la campa\u00f1a tremenda, van muchas de ellas con l\u00e1piz y cartilla, a alfabetizar. No hay un sitio de la historia donde falte la mujer cubana. En la cultura presiden. Rita sale con su voz irrepetible a cantar que el manisero se va, y Alicia lleva el nombre de Cuba a todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay mujeres an\u00f3nimas y silenciosas que no aparecen en los libros de textos ni en los peri\u00f3dicos, son las hacedoras cotidianas, poetas del trabajo y del amor; las que madrugan para preparar el desayuno y arman a sus hijos para la escuela, las que en los d\u00edas duros animan con la risa y el optimismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mujeres de tantos oficios y saberes: maestra, doctora, enfermera, oficinista, la que hace radio o vende flores, la arquitecta, constructora, oficial del d\u00eda, la que nos pone el pan en una cafeter\u00eda; pero tambi\u00e9n el regazo donde encontramos el remedio, la caricia.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas de nuestro orgullo, que parten a lejanas tierras armadas con un farol, para entregar un rayito de luz a los rincones oscuros, o unas manos para aliviar dolores por tantos siglos demorados; las que dijeron aqu\u00ed estoy, en tiempos de pandemias.<\/p>\n\n\n\n<p>No importa si el poeta fue el primero: la mujer es una rosa, conjunci\u00f3n de la obra toda. Sin ella, la vida es un minuto largo, sin lluvia, sin estrellas. Con ella, comienza a latir el coraz\u00f3n de heroicas historias.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Morir por la Patria uni\u00f3 a hombres y mujeres, amos y esclavos, blancos y negros en la misma hoguera del sacrificio colectivo. Manos de mujer cosen una herida o una bandera, nadie pudo negarles su puesto en la pelea. Van orgullosas, con el humo de las ciudades quemadas, antes que rendirlas al enemigo. 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